Prince Harry, Meghan Markle, Royal Wedding

Owen Humphreys - WPA Pool/Getty Images

Definitivamente no es una boda más.

Si se tratara de un cuento de hadas, sin duda el matrimonio entre Meghan Markle y el príncipe Harry sería uno bastante original.

Desde que el monarca dio a conocer al mundo el hecho de que -finalmente- se había comprometido, su novia comenzó a dar de qué hablar por muchas razones. Ella es demasiado estadounidense, demasiado hollywoodiense, demasiado divorciada, demasiado común, demasiado irreal, demasiado formal, y, para un grupo selecto de haters, sí, demasiado negra, siendo hija de una madre afroamericana y un padre caucásico. 

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La revista Vanity Fair España recuerda en un reportaje la broma racista que lanzó el príncipe Felipe, esposo de la reina Isabel II, durante una visita de Estado a Kenia cuando le dijo a la integrante de una tribu local que le entregó un obsequio conmemorativo: "¿Eres una mujer, verdad?".

Hoy, Felipe se sentó a muy pocos metros de Doria Ragland, madre de Meghan.

Por suerte, las diferencia racial no parece haber sido el foco para el pueblo de Reino Unido, y Meghan recibió gran aceptación en las encuestas realizadas para evaluar su incorporación a la realeza. Sin embargo, no se puede dejar pasar por alto el significado de este hecho.

 

 

 

 

Meghan Markle, Doria Ragland, Royal Wedding

AP Photo/Tim Ireland

El escenario político actual de Reino Unido atraviesa en un momento particular luego de que en 2016 en el referendum Brexit se determinara su salida de la Unión Europea.

Durante los últimos meses, la prensa de esa región ha sacado a la luz varios casos de inmigrantes que durante la campaña fueron amenazados con ser deportados. Ellos son ciudadanos de países del Caribe como Guyana, Trinidad y Tobago, Jamaica y Barbados que pertenecen a la llamada "Generación Windrush", que llegaron después de la Segunda Guerra Mundial para trabajar en la reconstrucción de edificaciones que habían sido destruidas.

Para el Brexit, muchos encontraron justificaciones raciales y xenófobas.

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Si bien la boda no es un movimiento político, ni el hecho de que Meghan sea de raza negra la convierte en una especie de heroína para los casos raciales, es un acto que ayuda a dar contra algunas mentes cerradas.

Por otra lado, en las encuestas, la población de raza negra (un 3%), en su mayoría considera que la boda real es una cortina de humo que pretende tapar el auge del sentimiento anti-inmigrantes en el Reino Unido aumentado por el BrexitVanity Fair cita al reconocido cronista social Dickie Arbiter, quien defiende el hecho de que la monarquía inglesa no es racista: "Sin ir más lejos, la reina tiene ahora mismo un ayudante de cámara negro".

El trabajo de los ahora duques de Sussex (título que decidió otorgarles la reina Isabel) comienza ahora.

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